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Cuando los hijos cumplen los sueños de los padres…

¿Qué sucede cuando los padres proyectan en los hijos sus deseos frustrados o sueños no realizados? ¿Cómo afectan a un niño las expectativas desmedidas y las presiones de los adultos?

Que los padres tengan ciertas expectativas sobre los hijos es normal, porque queremos verlos crecer felices y deseamos que sean íntegros y exitosos en su vida de adultos. El problema se presenta cuando esa expectativa está ligada a sueños no cumplidos por parte de los padres. Se da mucho el caso del papá que quería ser futbolista y como no lo logró, exige a su hijo que realice ese sueño por él, o el de la mamá que toda la vida quiso convertirse en bailarina clásica y por diversos motivos vio frustrados sus anhelos, entonces se empecina con llevar a su nena a danzas para ver reflejado en su hija, el cumplimiento de su objetivo.

Si el niño comparte los intereses y preferencias de su progenitor no habría inconveniente porque podría disfrutar de sus actividades, pero cuando no estamos respetando sus gustos y por el contrario lo estamos obligando a hacer algo con lo que no se siente cómodo, estamos originando problemas que quizás recién se manifiesten en su vida de adultos.

La sobreexigencia hacia los hijos, los afecta de muchas maneras, pero el síntoma más claro es el de la baja autoestima. El niño siente que siempre es evaluado, medido y que debe cumplir con las metas fijadas por sus padres. Cuando no alcanza esa meta aparece una enorme desvalorización hacia su propia persona. El no reconocimiento de sus esfuerzos también puede hacer estragos en la autovaloración de ese pequeño.

La otra cara de la sobreexigencia en la adultez es la omnipotencia. Personas que tienen que hacerlo todo perfecto, creyéndose autosuficientes, lo que al final se traduce en síntomas psicosomáticos, porque llega un momento en el que el cuerpo pasa factura. Ese adulto ha sufrido un daño en la capacidad de disfrutar, para él nada es suficiente y no se conforma. El conformarse tiene mala prensa pero hablamos de una conformidad que te permite estar tranquilo, contento y valorar lo que te pasa y tu realidad.

En lugar de pretender que los hijos cumplan nuestros sueños, lo que debemos hacer es fomentar que ellos cumplan los suyos. Si vemos que tienen aptitudes para el deporte o para el arte, por ejemplo, los motivemos a estudiar o perfeccionarse, pero siempre mirando lo que les agrada hacer. Puede que como padre quieras que tu hijo sea un intelectual, pero si disfruta más desarrollándose en su veta artística, lo mejor será estimularlo por ese lado.

No podemos obviar, en este sentido, que hay cuestiones culturales y ciertos dictámenes que tenemos como sociedad, a veces teñidos de machismo, que hacen, por ejemplo, que la mayoría de los padres quieran ver a sus hijos varones lucirse cuando juegan al fútbol. Pero tal vez, esto no sea lo que el niño quiere y aunque al padre le cueste asimilarlo tendrá que hacerlo y tratar de ayudar a su hijo a que vuele a lo que le haga más feliz. Este proceso de elaboración no es fácil, implica un duelo referido a una idea o ideal que se tenía y que no va a poder concretarse, lo cual  se vive como una pérdida.

Sabías que?
Los niños extremadamente exigidos presentan falta de autoconfianza y autocontrol, experimentan ansiedad, miedo y falta de concentración. Los síntomas más visibles pueden ir desde agotamiento físico a problemas de aprendizaje, malhumor, enfermedades de la piel y estrés. (Fuente: Sociedad Argentina de Pediatría).


Con el asesoramiento de Daniela Furst. Licenciada en Psicología.






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