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El plan de parto

“No quiero suero, ni oxitocina, ni episiotomía, no quiero que vacunen al bebé y a la placenta me la quiero llevar”… estos planteos aparecen cada vez con más frecuencia en los consultorios ginecológicos y se ven reflejados en esta especie de contrato que muchas mujeres obligan a sus obstetras a firmar.

En los últimos tiempos, las embarazadas ejercen su derecho a expresar por escrito sus preferencias y el protocolo con el cual quieren ser atendidas al momento de dar a luz.  Lo hacen a través de un documento llamado plan de parto, en el que consignan detalladamente cuáles son sus deseos, necesidades, expectativas y los procedimientos que quieren que se apliquen o eviten en ese momento.

El plan de parto es entregado a la obstetra durante el embarazo y posteriormente al equipo médico que asistirá a la futura mamá, aunque generalmente en la práctica y sobre todo cuando hay una buena relación médico paciente, existe un plan sin ninguna planilla escrita, esto quiere decir que las pautas y condiciones se van estableciendo progresivamente y de forma espontánea, sin exigencias de ninguna de las dos partes.

Si bien el parto es un evento fisiológico, tiene momentos en los que sí o sí se tienen que seguir ciertas indicaciones médicas y procesos técnicos para que el pequeño nazca sano. El cuerpo y los deseos de la madre deben ser respetados pero hay un bebé que tiene sus propios tiempos ¡y  también deben ser contemplados en el plan de parto!

Algo puede salir mal

Es muy positivo que las mamás estén informadas, que conozcan sus derechos, que quieran disfrutar de este momento tan importante en sus vidas estando conscientes y que para eso elaboren un plan pero deben asumir que ¡puede fallar! Todo puede salir de acuerdo a lo pensado o… tal vez no.

Las mamás que tienen planificado el minuto a minuto de su parto, se frustran demasiado cuando se les escapa algún detalle y piensan que pierden el control. Al sentir que pueden manejar la situación, se desbordan y se estresan. Esto no es bueno para el bebé que viene en camino.

Cuando el parto es considerado normal y de bajo riesgo, el plan puede llevarse a cabo tranquilamente pero es necesario que las condiciones de este documento sean flexibles y modificables para que, en caso de que las cosas no salgan del todo bien en el trabajo de parto, el médico pueda tomar decisiones sobre la marcha.

 Los caprichos de las madres no servirán de nada porque en un momento como éste, el personal médico tiene que actuar rápido, pensando siempre en que el plan final es un niño sano.

Las claves: confianza y comunicación

Hay mujeres embarazadas que se dejan abrumar por la enorme cantidad de información que tienen a su alcance. Para atravesar este proceso con tranquilidad, deberán dejar de lado mitos, creencias y experiencias que leen en Internet o escuchan de personas cercanas y confiar en las recomendaciones del obstetra.

El parto es un momento único y cada mujer lo vive de manera diferente, por eso es fundamental que la embarazada le especifique a su médico si desea que alguien la acompañe en el parto o si hay algún medicamento que desearía no tener que usar. Por su parte, el profesional de la salud deberá orientarla y comunicarle en detalle qué le van a hacer y si es posible cumplir con sus requerimientos.

Lo más pedido: El apego, una práctica beneficiosa y gratificante tanto para mamá como para bebé en la que se establecen sus primeros vínculos fuera del útero y se inician la lactancia con éxito.

Lo menos pedido: La episiotomía, incisión quirúrgica que se realiza antes del parto en el perineo que es la zona muscular que está entre la vagina y el ano con el objetivo de ampliar la apertura vaginal y evitar desgarros.

El pedido más raro: ¡comer la placenta!


Con el asesoramiento de Florencia Herrera. Médica Tocoginecóloga.

 

 

 

 

 

 

 

 

 





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