El enamoramiento en los niños. Pequeño gran amor


En la vida de un niño todo tiene un gran encanto y una dulzura muy especial. También el primer amor, esa experiencia única en la que se mezclan amistad, afecto y sentimientos de pertenencia. La magia de la inocencia y el deseo irrefrenable de explorar el mundo hacen que el amor de la infancia nunca se olvide.
Es frecuente escuchar a un niño, que ingresa al jardín de infantes, confesar abiertamente: ¡Mamá tengo novia! Cuando los chicos comienzan a socializar y comparten juegos y diversión con otros niños, experimentan nuevas sensaciones y se producen algunos cambios en su comportamiento.
Para responder de manera adecuada a sus preguntas y planteos acerca del amor, los padres necesitan abordar este tema con naturalidad y comprender que sus actitudes están motivadas por la curiosidad y la experimentación en lugar de pensar que se relacionan con el erotismo o la perversión.
El amor para los más pequeños está ligado al afecto y la amistad. El enamoramiento infantil implica el deseo de afirmarse a sí mismo y encontrar la propia identidad. Es uno de los vínculos emocionales más importantes, después del amor por los padres, que influye en el desarrollo de la personalidad, la sexualidad y la futura elección de pareja. Por ello, es importante explicarles que los seres humanos tenemos diferentes maneras de querer y amar a las personas.
Los padres tenemos que dejar de mirar las cosas de niños con ojos de adultos. En lugar de alarmarnos debiéramos comprender que los chicos están explorando, tratando de entender el mundo y su afectividad interior. Esto nos permitirá relajarnos y dejar de marcar todo el tiempo lo que se debe hacer.
Indagando en los modelos paternos, observaremos que en los procesos identificatorios, los niños toman actitudes y gestos de los padres y los repiten. Los chicos imitan ensayando las relaciones románticas desde los primeros años.

Hablemos de amor
• Para hablar de amor con nuestros hijos, es preciso emplear un lenguaje simple, claro y sin rodeos.
• Cuidar el lenguaje gestual. Si ante una pregunta nos ponemos colorados, no los miramos, titubeamos, o damos un portazo y nos vamos, les estaremos dando un mensaje muy confuso y desalentador.
• Conversar, no dar órdenes. Preguntando y escuchando podremos conocer lo que piensan y ayudarlos a analizar, resolver problemas y sacar conclusiones.

Con el asesoramiento de Analía Laquaniti. Licenciada en Psicóloga infantil. Sexóloga




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