¿Cuántos elogios son demasiados?


Los elogios son necesarios para reafirmar las conductas positivas de los niños, pero cuidado con excedernos y adularlos más de la cuenta porque esto podría ser contraproducente. Cuando a un niño se le festeja todo y se lo adula en demasía, puede privarlo de las herramientas que necesitará para enfrentar la frustración en distintas circunstancias.

Podríamos pensar que nunca son demasiados los elogios destinados a los chicos, pero estaríamos equivocados, porque como ya sabemos los extremos son malos y todo debe hacerse en su justa medida si no queremos caer en excesos. Cuando un niño sólo recibe adulaciones por parte de su familia, se le atribuyen características que no se condicen con la realidad y se hace mucho alarde al momento de alabarlo, se le está ocasionando un gran daño. Ese niño crecerá sin las herramientas adecuadas para enfrentar la frustración, que tarde o temprano aparecerá en su vida.
Los elogios son fundamentales tanto para el niño como para el adulto para la construcción de una buena autoestima. Comenzar a ponderarlos a temprana edad es muy recomendable porque va fijando la confianza y la seguridad que el pequeño necesita.

Para que un elogio sea correcto debe ser cierto y concreto. Los padres deben buscar frases positivas y motivadoras que ayuden al niño a crecer y progresar día a día. Por el contrario, la crítica puede ser muy destructiva. Es común escuchar a los padres decirles a los hijos “sos un tonto” o “cada vez más improlijo y descuidado”. Este tipo de comentarios desafortunados se quedan en la mente del individuo como creencias que en su vida de adultos funcionan como limitantes a la hora de desarrollar habilidades sociales.

Si oímos al niño referirse a él mismo desde la autocrítica permanente, sería oportuno preguntarle por qué dice lo que dice. Escuchar a los chicos es el primer paso si queremos entablar con ellos una relación de diálogo y respeto que perdurará en la adolescencia y cuando sean mayores, siempre que tenga buenas bases.

Si advertimos que el pequeño pone todo de su parte pero no le alcanza para cumplir su meta. Estudia mucho pero no saca buenas calificaciones o entrena lo suficiente pero no obtiene el rendimiento esperado en los partidos de futbol de su club, será momento de prestar mucha atención a lo que puede estarle pasando, y también ayudarlo a encontrar sus propios gustos o inclinaciones. Los papás no pueden pretender que los hijos les cumplan los sueños que no pudieron concretar. Sería muy perjudicial que cualquiera de ellos coloque en el niño la mochila de la frustración y la culpa que traen en sus espaldas.

Muchos padres exageran también en las expectativas que ponen sobre su hijo, pretenden que sea el mejor alumno, el mejor deportista, el mejor compañero, que se lleve los honores y los trofeos en todas partes. Observar al niño y apoyarlo para que él vaya descubriendo sus habilidades y pueda potenciarlas es lo mejor que pueden hacer en este sentido, y si bien está bien estimularlos a cumplir sus objetivos de la mejor manera posible y a ser competitivos, también hay que prepararlos para saber perder cuando toca perder.

Cuando detectamos que el niño no quiere obedecer o no quiere dar lo mejor de sí mismo, nunca se debe recurrir al castigo físico porque esto genera resentimiento en el niño y una sensación de absoluta desprotección. Lo mejor es usar el método de premios y castigos para que así vayan aprendiendo que cuando los límites se transgreden hay una consecuencia. Esta consecuencia debe ser acorde a la edad del pequeño y ser lo más precisa posible, por lo cual conviene fijar tiempo y forma muy claramente, pero sobre todo hacerlo cumplir hasta el final.

Sabías que?
Un estudio asegura que los elogios regulares hacen que los niños sean más propensos a obedecer. Fuente: Centro de Estudio Infantil del Centro Médico Langone de NYU, en Nueva York.

Con el asesoramiento de Micaela Durand. Licenciada en Psicología.




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