La hora sagrada


Existe una hora sagrada, también llamada la hora de oro, que es la primera hora de nacido del bebé, y es tan valiosa por la importancia que tiene en la instalación de la lactancia materna y porque representa una oportunidad magnífica para desarrollar el apego en contacto piel a piel.

Lo mejor para el bebé:

Si nos enfocamos en lo mejor para el bebé, debemos pensar que el recién nacido sale del vientre materno donde se siente seguro, a un mundo completamente desconocido, por lo cual el lugar donde se va a sentir mejor, sin duda alguna, va a ser el pecho y los brazos de su mamá, reencontrándose con ese olor que le resulta familiar y con el sonido del corazón de su madre que oyó latir durante varios meses cuando todavía estaba en la panza.

Los obstetras están incorporando poco a poco el concepto de que los chequeos de rutina que se le hacían al bebé inmediatamente después del parto pueden esperar, priorizándose así “la hora sagrada”, esa primera hora en la que se pone al niño en el pecho de su madre para realizar el apego en contacto piel a piel y dar inicio a la lactancia materna.

Sin embargo, todavía en algunas instituciones el equipo de salud recibe al recién nacido y de inmediato procede a bañarlo, medirlo, pesarlo y controlar su temperatura. Ya existe suficiente evidencia que demuestra que esta práctica no es la ideal, y que siempre que no se presenten complicaciones de salud en la madre o el niño, los controles pueden postergarse, permitiendo así que el bebé experimente una vivencia maravillosa en su primera hora de vida, la cual producirá un impacto positivo en el desarrollo de su personalidad y en las habilidades sociales que terminará de formar en el futuro. También tiene efectos importantes en la interacción madre e hijo a largo plazo, contribuyendo al fortalecimiento del vínculo afectivo.

Los beneficios del apego:

El contacto piel a piel estabiliza la presión arterial, la respiración y la oxigenación del bebé, reduce el estrés, mantiene sus niveles de glucemia, disminuye el llanto e incrementa el estado de alerta tranquila. Además, mantiene la temperatura corporal, reduciendo el riesgo de hipotermia.

Por otra parte, impacta en la formación de la estructura cerebral. El cerebro está diseñado para ser ‘modelado’ por las experiencias tempranas hasta su configuración final. Situaciones interpersonales tempranas, tanto positivas como negativas, influyen en la organización estructural del cerebro. Estos eventos están ligados a la relación de apego inicial, que va más allá de proveer al niño ese fundamental sentimiento de seguridad, sino que representa el mayor organizador del desarrollo cerebral.

Despierto y receptivo:

Transcurridas las dos primeras horas posteriores al parto, el bebé entra en un periodo de letargo y duerme varias horas seguidas o se muestra adormilado. En cambio, durante la “hora sagrada” está más receptivo, sus cinco sentidos se encuentran alerta, está explorando y descubriendo este mundo que le resulta extraño e incierto. Es fundamental aprovechar este tiempo en el que está despabilado para besarlo, acariciarlo y hablarle suavemente. Es una excelente oportunidad para realizar también “la prendida a la teta” ya que el pequeño va a colaborar instintivamente. Incluso, si se lo deja desnudo en el pecho de su madre, va a reptar hacia el pezón de mamá para alimentarse, guiado por el olor. Cuando experimenta esta búsqueda hay más probabilidades de que la succión sea correcta, desde el primer intento. Si se le permite al recién nacido iniciar la lactancia por su cuenta esto puede llevarle unos 45 minutos promedio (algunos lo logran en 15 y a otros les lleva 90 minutos aproximadamente).

La higiene puede esperar
No es necesario ni recomendable higienizar al pequeño inmediatamente. Los niños nacen recubiertos por una sustancia grasosa que los protege contra las infecciones de la piel. Si es un niño sano y no se han presentado complicaciones en el parto, lo mejor es dejar que el baño espere y entregárselo a la mamá. Si el nacimiento se hubiera producido por cesárea, el papá puede sacarse la camisa y hacer el contacto piel a piel con el bebé para que no se pierda de los estupendos beneficios del apego.

Con el asesoramiento de Lía Uriburu. Puericultora del Hospital Público Materno Infantil.




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