Mamitis aguda


Hablamos de “mamitis” cuando un niño o niña no está dispuesto a separarse de su mamá ni por un momento. Basta con que la madre se aleje un poco para que se desencadene un berrinche de desproporcionadas dimensiones sin que nada ni nadie pueda calmarlo, salvo ella. ¿Hasta qué punto es normal y cómo podemos ayudarlos a ser más independientes?

¡Uy, tiene mamitis aguda! o ¡está re mamero este nene! se escucha decir seguido cuando los chicos se niegan categóricamente a despegarse de sus madres. Este tipo de conducta es bastante común en niños pequeños a los que les cuesta soportar la distancia de su mamá. Para entender estas reacciones tenemos que pensar que por lo general se producen como respuesta a determinadas circunstancias, como el nacimiento de un hermano, una mudanza, o el ingreso al jardín o salita maternal; todas situaciones de cambio que exigen una adaptación por parte del niño, lo que provocará que se aferre más a aquello que le resulta conocido y que lo hace sentir seguro.

La labor de la madre será ejercitar la paciencia y transmitirle la confianza que necesita para afrontar dicha situación. Puede pasar a veces que la misma mamá no termine de creerlo capaz de atravesar esta experiencia porque lo ve inseguro en un principio. Es así, como se ingresa en un círculo vicioso, en el que el niño percibe la desconfianza por parte de ella y esto sólo contribuye a aumentar su miedo, vergüenza o incomodidad. Es muy importante, que las mamás confíen en la capacidad de adaptación de sus hijos y que no los subestimen en ningún momento.

La “mamitis” se manifiesta cuando el pequeño sólo quiere dormir con mamá, se niega a comer cuando no es ella quien le preparó y sirvió los alimentos y cuando no acepta que nadie más lo bañe o lo cambie, por citar algunos ejemplos. ¿Qué hacer en estos casos? Lo ideal es que la mamá, en la medida de sus posibilidades, acceda a las demandas del niño. La famosa escritora, especialista en temas de crianza, Laura Gutman, dice que cuando un niño realiza este tipo de planteos, por lo general, tienen que ver con necesidades que deben ser atendidas. Entonces, ante un berrinche no reaccionaremos sancionando o abandonando, sino observando, hablando y conteniendo al niño, sobre todo cuando tiene menos de 5 años, dado que a esta edad todavía precisan mucho de la presencia materna.

Este llamado de atención esconde una necesidad del niño no satisfecha. Si la mamá se sienta a comer con él, pero durante todo el almuerzo está fastidiada o pensando en lo que tiene que hacer después, él notará que no le está prestando la atención que necesita y la demandará haciendo un berrinche que no siempre se dará de inmediato, sino que puede presentarse más tarde, o en el momento que menos lo esperamos. Cuando el estado de presencia no es pleno, el pequeño lo percibe como un “mamá está pero no está” y esto aumenta su nivel de capricho y exigencia.

En cuanto al tema de dormir con el niño cuando él lo reclama, haremos una diferenciación. Muchas veces basta con acompañarlo leyendo un cuento o haciendo algún juego tranquilo, para que vaya relajándose y conciliando el sueño. Luego iremos reduciendo el tiempo de permanencia en su habitación para que aprenda a dormirse solito.

Cuando la mamá tiene que apartarse de su hijo, es fundamental decirle que “mamá va a salir, se va a trabajar o debe ausentarse, pero que en un rato estará de vuelta”. Esto puede ayudarlo a aliviar la ansiedad de no encontrarla sin que ella se haya despedido antes de irse y además le dará la tranquilidad de que en un rato podrá volver a verla.

En conclusión, la mejor forma de lidiar con la “mamitis aguda” es actuar con paciencia y amor, dedicando atención de calidad y comprendiendo que se trata de un proceso que debe ser observado para descifrar lo que puede estar ocurriéndole al niño. Si los berrinches van en aumento o se prolongan en el tiempo, lo mejor será consultar con un especialista que pueda brindar orientación y asesoramiento.

Con el asesoramiento de Marcela Deheza. Licenciada en Psicología.




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