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Ana Lía Parodi “Quedarme en sus recuerdos”

Directora en Radio Cadena Máxima 106.7

Mamá de Sofía, Pilar y Ezequiel.

“Te vuelves parte de mi ser en mis palabras

Estás aquí tocando el centro de mi alma”.

Hace ya unos 16 años que soy mamá. Y es sin lugar a dudas, mi labor más desafiante.

Sofía fue la primera en todos los roles posibles. Hija, nieta, sobrina y eso le dio un interesante protagonismo, que le duró un par de años hasta que debió compartirlo con un par de hermanitos, de una sola vez.

Sí. Mellizos. Fue una noticia inesperada, hermosa, mágica. “Señora, se ven dos sacos gestacionales –dijo el médico revisando una imagen en la pantalla de su computadora-  habrá que hacer una ecografía en un par de semanas para saber si, efectivamente, hay embrión en ambos”. ¿Se imaginarán todas las promesas que hice para que sean dos? Si hasta entré de rodillas a la Catedral, para que Dios confirme el milagro de la vida, multiplicado en mi panza.

“¿En serio son mellizos?”, me preguntaban tocándome la panza, y luego, indefectiblemente, llegaba un: “¡Estás loca! ¿Cómo vas a hacer?”, como si uno eligiera, como si fuese algo realmente grave e inmanejable luego. Al principio lo tomaba con humor pero con el correr de las semanas, decidí contestar con firmeza, mostrando el enorme orgullo que sentía de ser una elegida, de llevar en mi panza un privilegio: “Esperar dos bebés es lo más maravilloso que puede pasarme”. Por entonces, mis días se llenaban de amor con sólo imaginar dos criaturas juntas en la familia. Finalmente, llegó el día. Ezequiel y María del Pilar nacieron con salud y me sentí plena, realizada, completa.

Aunque los primeros tiempos fueron complejos, con una buena organización y la alegría de tenerlos, logramos ajustar horarios y armar una nueva rutina familiar que incluya chupetes, mamaderas, cunitas, cochecitos, las actividades de Sofi, el trabajo del papá y mi labor como profesional independiente.

Tomaron la teta, algunas veces, los dos juntos. Esa es, sin dudas, la imagen que voy a tener en mis retinas para siempre. Mirarlos alimentarse juntos con mi propio cuerpo, me provocó la sensación de ser realmente poderosa. Inolvidable. Inigualable. Inexplicable. Única.

Hoy, comienzo a desandar la adolescencia de Sofía y el ingreso de la tecnología a la vida de los mellizos. Los desafíos se renuevan y me desvela ser una mamá atenta, amorosa, segura, compañera, libre. Y ser un referente de autoridad para ellos en combinación con estos valores, es un verdadero trabajo de cada día.

En todo este devenir de la vida, hay algo que tengo muy claro. Quiero que sean personas íntegras, que sean intensos, que sueñen en grande, que vivan sus emociones con plenitud, que sean comprometidos con el otro y con el lugar en el que les toca vivir. Quiero que sean inmensamente felices. Y yo quiero quedarme para siempre en sus recuerdos más lindos, en esos en los que las risas son protagonistas. 

“Este amor no tiene tiempos ni fronteras,

porque este amor va más allá de mi existencia”.







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